Informe y opinión (PRIMERA PARTE)
Desde hace años atrás como en la actualidad, la televisión Argent
ina fue consumiendo de manera constante a diversas personas que en cada época de la pantalla chica dejaron una huella en cada hogar.
Esto no significa que fue del gusto de cada televidente pero en su gran mayoría disfrutó mientras duró. Unos han desaparecido físicamente, otros fueron relegados debido a la aparición de “nuevos artistas” en el rubro.
Hay que pensar quienes son los nuevos, a que actores de regular y buen desempeño reemplazaron en los últimos 10 años.
Se podría comparar entre cualquier humorista actual a los “marginado
s” como Esteban Mellizo, alias Licenciado Lambetain (personaje que trabajó en varios programas y el más recordado Badía y Cía.), Paolo “el rokero”, Juan Carlos Calabró (Jonny Tolengo), o a los desaparecidos personajes como “Tandarica” (sumido en el anonimato), Tato Bores, Juan Carlos Altavista “Minguito”, entre otros.
Juan Carlos Mesa y Santiago Varela expresaron que hay una escasez en ciclos humorísticos en la TV Argentina. Ambos compartier
on el privilegio de haber sido guionistas de Tato Bores y con ese pequeño gran antecedente bajo el brazo, dijeron que “atrás quedó la época en la que la TV estaba inundada de ciclos humorísticos encabezados por capocómicos, desde Pepe Biondi, Dringue Farías, Alberto Olmedo, Juan Carlos Altavista, la troupe uruguaya de Telecataplum y hasta el mismísimo Tato”. Preocupados por la actualidad del rubro agregaron que “a excepción de Guillermo Francella, el medio local atraviesa una alarmante falta de capocómicos”. 
Si se comienza a pensar en lo que fue de los actores citados anteriormente y como está la TV hoy, se puede deducir que el humor en TV tiende a desaparecer por un problema de costos. Y a todo eso, ellos aportan que “en esta TV de estrellas, los guionistas de humor quedaron relegados. Hace años, detrás de cada programa de humor había un equipo de cinco o seis guionistas. En cambio, hoy el peso del humor descansa sobre los hombros del humorista”.
A todo eso agregaron que “hay una chatura general en el humor argentino
por la velocidad que se exige. Tato, por ejemplo, estudiaba y ensayaba el monólogo durante toda una semana. Hoy en día, cualquier actor tiene ocho ciclos a la vez, entre TV, radio, teatro y publicidad. Esa voracidad no da tiempo material de nada”.
ina fue consumiendo de manera constante a diversas personas que en cada época de la pantalla chica dejaron una huella en cada hogar.Esto no significa que fue del gusto de cada televidente pero en su gran mayoría disfrutó mientras duró. Unos han desaparecido físicamente, otros fueron relegados debido a la aparición de “nuevos artistas” en el rubro.
Hay que pensar quienes son los nuevos, a que actores de regular y buen desempeño reemplazaron en los últimos 10 años.
Se podría comparar entre cualquier humorista actual a los “marginado
s” como Esteban Mellizo, alias Licenciado Lambetain (personaje que trabajó en varios programas y el más recordado Badía y Cía.), Paolo “el rokero”, Juan Carlos Calabró (Jonny Tolengo), o a los desaparecidos personajes como “Tandarica” (sumido en el anonimato), Tato Bores, Juan Carlos Altavista “Minguito”, entre otros.Juan Carlos Mesa y Santiago Varela expresaron que hay una escasez en ciclos humorísticos en la TV Argentina. Ambos compartier
on el privilegio de haber sido guionistas de Tato Bores y con ese pequeño gran antecedente bajo el brazo, dijeron que “atrás quedó la época en la que la TV estaba inundada de ciclos humorísticos encabezados por capocómicos, desde Pepe Biondi, Dringue Farías, Alberto Olmedo, Juan Carlos Altavista, la troupe uruguaya de Telecataplum y hasta el mismísimo Tato”. Preocupados por la actualidad del rubro agregaron que “a excepción de Guillermo Francella, el medio local atraviesa una alarmante falta de capocómicos”. 
Si se comienza a pensar en lo que fue de los actores citados anteriormente y como está la TV hoy, se puede deducir que el humor en TV tiende a desaparecer por un problema de costos. Y a todo eso, ellos aportan que “en esta TV de estrellas, los guionistas de humor quedaron relegados. Hace años, detrás de cada programa de humor había un equipo de cinco o seis guionistas. En cambio, hoy el peso del humor descansa sobre los hombros del humorista”.
A todo eso agregaron que “hay una chatura general en el humor argentino
por la velocidad que se exige. Tato, por ejemplo, estudiaba y ensayaba el monólogo durante toda una semana. Hoy en día, cualquier actor tiene ocho ciclos a la vez, entre TV, radio, teatro y publicidad. Esa voracidad no da tiempo material de nada”.Info: Carlos Javier Fernández
FUENTE: Frecuencia Deportiva
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